Días duros

 Normalmente cuando escribes lo haces para explicar las experiencias que has vivido, para expresar aprendizajes que te han ido bien y de alguna forma sientes la necesidad de compartirlos, pensando que pueden ser utilizados por otras personas dando los mismos resultados.

Hoy no tengo ninguna de esas intenciones, hoy simplemente escribo para dejar constancia de mi parte más visceral, la más odiosa y detestable, pero que forma parte de mi, al igual que la otra.

Dos días al mes, siento rabia, agobio y unas ganas “incontrolables” de gritar. Lo pongo entre comillas, porque lógicamente me contengo segundo tras segundo, minuto tras minuto, dejando pasar las horas y deseando que llegue la noche para dormir y olvidarme de mi y de la humanidad.

Esos dos días la maternidad se hace dura, te olvidas de agacharte para hablarles a la altura de los ojos, obvias que los besos suben la autoestima, eludes jugar con ellos a sabiendas de que ese tiempo para ellos es oro e intentas escaparte a cualquier rincón de la casa para respirar hondo y no perder los papeles como